Hablar de voces narrativas es hablar de identidad en la escritura. No importa si escribes un cuento breve, una novela o un diario: la voz que elijas será el puente entre lo que imaginas y lo que el lector recibe.
En el blog anterior acerca de la voz narrativa, exploramos qué es la voz narrativa y cuáles son sus tipos principales. Ahora daremos un paso más: veremos los errores más frecuentes al elegir narrador y practicaremos con ejercicios que te ayudarán a experimentar hasta encontrar tu propia cadencia.
Qué debes recordar sobre las voces narrativas

Antes de entrar en errores y ejercicios, vale la pena retomar lo esencial.
Las voces narrativas son la perspectiva desde la que se cuenta una historia. Pueden ser cercanas o distantes, subjetivas o panorámicas, íntimas o impersonales. Y sí, se trata de “quién habla”, pero hay algo más importante: esa voz construye el tono, administra la información y genera un pacto de confianza con el lector.
Existen tres formas principales de narrador:
- Primera persona, donde el “yo” transmite subjetividad, cercanía y vulnerabilidad.
- Segunda persona, que interpela directamente con un “tú” y crea un efecto de extrañeza e inmersión.
- Tercera persona, que puede ser omnisciente (sabe todo) o limitada (solo accede a un personaje).
Este repaso es clave porque los errores que veremos en este artículo no tienen que ver con la teoría, sino con la práctica: aprenderás cómo aplicar estas voces narrativas de forma coherente para que tu texto gane fuerza, y no la pierda.
Errores comunes al elegir voces narrativas

Elegir entre distintas voces narrativas no es un detalle menor. La decisión puede dar vida a tu historia o, por el contrario, volverla confusa y poco creíble. Estos son algunos errores frecuentes que conviene evitar:
1. Cambiar de voz sin coherencia
Uno de los tropiezos más comunes ocurre cuando el narrador cambia de forma abrupta. Pasar de primera a tercera persona en medio de un capítulo, o incluso en un párrafo, rompe el pacto con el lector. La sensación inmediata es de caos, como si la historia hubiera perdido el hilo de quién la cuenta.
2. Usar una voz que no encaja con la historia
No todas las voces funcionan para todo tipo de relatos. Por ejemplo, en una narración íntima, una voz en tercera persona omnisciente y distante puede sonar fría. Por el contrario, en una novela donde la realidad se construye desde la mirada de muchos personajes, una voz que se limite a una primera persona puede hacer que la perspectiva se vuelva estrecha.
3. Forzar un narrador poco natural
A veces, por querer ser originales, los escritores se empeñan en usar una voz que no les resulta natural. El resultado suele ser un texto forzado, con frases que no fluyen y un tono que no termina de convencer. La voz narrativa debe sentirse viva, no impostada.
Las voces narrativas son un pacto de confianza: romperlo sin intención es perder al lector en el camino.
4. Descuidar la coherencia del tono
La voz constituye también el tono que atraviesa todo el relato. Mantener un registro poético en una escena de acción puede diluir la tensión; del mismo modo, un tono demasiado seco puede restar profundidad a un momento emotivo.
5. Olvidar al lector en el proceso
El último error es escribir únicamente desde la comodidad del autor, sin pensar en cómo se recibe la voz. Un narrador demasiado hermético, con frases crípticas y sin contexto, puede alejar al lector. La voz narrativa debe tender un puente, no levantar un muro.
Ejercicios prácticos con voces narrativas

Aunque las lecturas teóricas son siempre enriquecedoras, las voces narrativas llegan a dominarse del todo mediante la ejercitación. Los ejercicios que te comparto te ayudarán a experimentar con diferentes perspectivas, a detectar tus preferencias y a entrenar la flexibilidad creativa que todo texto necesita.
# 1 Reescribir una misma escena en distintas voces narrativas
Elige una situación sencilla, por ejemplo: alguien llega tarde a una cita importante. Escríbela en primera persona, luego en segunda y después en tercera.
- Primera persona: transmite la ansiedad desde dentro.
- Segunda persona: coloca al lector en el lugar del protagonista.
- Tercera persona: ofrece distancia y amplitud.
👉 El objetivo es comparar cómo cambia la emoción y la cercanía según cada voz.
# 2 Explorar los límites entre narrador limitado y omnisciente
Escribe una escena desde la tercera persona limitada, céntrate únicamente en lo que un personaje sabe y percibe. Luego, reescríbela en tercera omnisciente, mostrando todo lo que ocurre, incluso aquello que los personajes ignoran.
👉 Este ejercicio te ayudará a decidir qué tanto control de la información necesitas dar al lector en tu historia.
Practicar con distintas voces narrativas es como probar varios instrumentos: solo así encuentras el que resuena con tu historia.
# 3 Ajustar el tono sin cambiar la voz narrativa
Toma un mismo fragmento escrito en la voz que prefieras (por ejemplo, en primera persona). Luego reescríbelo con un tono diferente: poético, coloquial, irónico o distante.
👉 Descubrirás que la voz narrativa no solo depende de la perspectiva, sino también del tono con el que decides narrar.
Voces narrativas: la elección que hará única tu historia
Al final, elegir entre las diferentes voces narrativas no es solo una cuestión técnica: es una decisión de identidad. La voz que escojas va a determinar la forma en que el lector se acercará —o se alejará— de tus personajes y las emociones que quieres transmitir.
No existe una voz mejor que otra. Lo importante es reconocer cuál sirve a tu historia, cuál sostiene el tono que quieres transmitir y cuál abre el puente más honesto con tu lector.
Cuando logras esa coherencia, tu narración cobra fuerza propia. Y ahí ocurre la magia: tu historia deja de ser una más y se convierte en un reflejo único de tu manera de mirar el mundo.
Tu voz narrativa es la llave que abre la puerta entre lo que imaginas y lo que el lector vivirá al leer tu historia.
Recuerda esto: las voces narrativas se descubren escribiendo, probando y afinando hasta dar con aquella que le dé verdad y sentido a tu historia. Si lo deseas, te acompaño en el camino de encontrar la tuya.
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